La Neurociencia detrás del Apego

Recientes investigaciones en neurociencias sugieren que el primer año de vida es extremadamente importante, no sólo para la arquitectura cerebral, sino también para el sistema hormonal, especialmente por la producción de la hormona del apego, llamada oxitocina. El metabolismo del cerebro y el metabolismo del sistema hormonal están influenciados en gran medida por la relación con el bebé desde antes del nacimiento, pero se vuelve más importante sobre todo en las primeras semanas y meses de vida.


La idea clave aquí es la del "cerebro social”, ya que el cerebro no se desarrolla en el aislamiento, sino que está intrínsecamente ligado a la interacción con los demás. El cerebro del bebé y el cerebro de la mamá (o su cuidador), se encuentran en una relación constante, ¿y esto cómo sucede? Gracias a que la evolución nos ha dotado con las hormonas espejo: esa parte del cerebro que refleja las acciones y actividades de las personas que observamos. Un cerebro se liga al otro a través de las neuronas espejo.


El concepto de la Base Segura, de que el niño sienta que hay una persona a la que puede acudir cuando se sienta angustiado o temeroso, es crucial, pero también tiene que ver con que esa es la persona a la que el bebé observa todo el tiempo, su madre, su padre, o sus cuidadores. Toda esta interacción a través de las neuronas espejo lleva a un proceso de identificación y de aprendizaje, del cerebro del adulto al cerebro del bebé. Recordemos la idea del cerebro social: no somos cerebros aislados, sino que todo el tiempo nos estamos conectando unos con otros.


Cerebro que Siente y Cerebro que Piensa


Todos tenemos sentimientos: miedo, aflicción, alegría, y también tenemos pensamientos. La parte del cerebro donde se encuentran los sentimientos es el Sistema Límbico. Los sentimientos son necesarios para poder sobrevivir y hacer las cosas que necesitamos hacer para que la vida valga la pena. Pero también necesitamos pensar, planear, regular estos sentimientos. Así es que tenemos todo este conjunto de pensamientos que modulan, moderan y regulan nuestros sentimientos. Esta es la relación entre el cerebro que siente (Sistema Límbico) y el cerebro que piensa (Corteza Prefrontal). El cerebro pensante es básicamente el cerebro social, el que nos conecta con otras personas, y esta conexión con otras personas incrementa nuestra capacidad de lidiar con nuestros sentimientos.


Regulación Emocional


Cuando un bebé llora, no puede manejar su angustia por sí mismo, entonces, cuando la madre lo atiende, lo interpreta y lleva a cabo lo que necesita, se da una co-regulación emocional, porque juntos, bebé y cuidador, regulan sus emociones. En respuesta, el bebé deja de llorar porque su problema se ha resuelto, cualquiera que éste haya sido. Después, conforme el desarrollo infantil avanza, esta co-regulación se convierte en auto-regulación, porque el niño interioriza ese proceso, a través de las neuronas espejo, de modo que puede empezar a reconocer sus propias necesidades y expresarlas.


Para cuando el niño llega a la edad de entrar a la escuela, ya ha practicado la auto-regulación emocional, de modo que aunque se sienta temeroso, se atreverá a hacerlo. Ya pasamos de la co-regulación emocional a la auto-regulación emocional.

El apego es un regulador emocional. Cuando un niño necesita ayuda, la pide, pero si el cuidador no está física o emocionalmente disponible, o no es lo suficientemente sensible, por alguna u otra razón… Digamos que la madre está deprimida, y tan deprimida que de verdad no pueda entender lo que le sucede al niño, entonces el niño se enfrenta a un verdadero problema: ¿qué hago ahora con mi angustia? Porque el sistema límbico le está enviando información de emociones intensas, así que busca la manera de regular esas emociones complejas, y tal vez en el futuro recurra a lo que se llamaría una auto-regulación patológica. Por ejemplo, si pensamos en los adolescentes, nos referimos a trastornos de la alimentación, autolesiones, drogas, alcohol, sexo riesgoso, ese tipo de cosas que parecen ser intentos desesperados por regular las emociones, y esto es porque la corteza prefrontal, ese cerebro social co-regulador que pudiera ayudar, no está allí para hacerlo.


Riesgo y Vulnerabilidad

Para cuando el niño llega a la edad de entrar a la escuela, ya ha practicado la auto-regulación emocional, de modo que aunque se sienta temeroso, se atreverá a hacerlo. Ya pasamos de la co-regulación emocional a la auto-regulación emocional.Para cuando el niño llega a la edad de entrar a la escuela, ya ha practicado la auto-regulación emocional, de modo que aunque se sienta temeroso, se atreverá a hacerlo. Ya pasamos de la co-regulación emocional a la auto-regulación emocional.


En el caso de los niños, diríamos que están en riesgo cuando no cuentan con un apego seguro, es decir, un sentido interno de seguridad, y por ello no se atreven a explorar el mundo, pero esto también puede impactar el ámbito de la educación. Puede que se les dificulta el aprendizaje porque al no sentirse seguros, pasan demasiado tiempo tratando de encontrar la forma de aliviar su angustia.


Afortunadamente existe el concepto de neuroplasticidad. Esto significa que nunca es tarde. Por ejemplo, si pensamos en un niño cuyos primeros 10 años de vida han sido muy difíciles, diríamos que aún puede crear apego y tener un buen desarrollo, aunque siempre va a persistir cierta vulnerabilidad, que se manifestará especialmente en momentos de miedo o estrés.


Referencia:


Holmes, J. (2014). The neuroscience of attachment - key messages. [Video]. Recuperado de: https://vimeo.com/88343229



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